VOLVER A MIRAR
Encargo de la Fundación Canal por el 175 aniversario del Canal de Isabel II y los 25 años de la Fundación Canal.
VOLVER A MIRAR
En 2026 celebramos el 175 aniversario de Canal de Isabel II y los 25 años de la Fundación Canal. Con ese motivo, la Fundación ha encargado a la artista Rosa Muñoz una video creación en torno a este depósito elevado, un proyecto que vincula agua, arte y sostenibilidad. Un encargo donde la arquitectura y el agua conviven en una simbiosis perfecta y que brinda la ocasión de conmemorar la canalización del agua en nuestra región, de hacer un reconocimiento a la gesta que supuso aquel proyecto cuyo recuerdo vive hoy a través de esta gran obra de ingeniería. Volver a mirar este depósito es recuperar una parte de la Historia de Madrid.
Explorar espacios y recuperar su esencia es parte fundamental del trabajo de esta artista; recordar el motivo por el cual se crearon y cómo el tiempo ha mantenido su uso o, en ocasiones, ha dado paso a otros nuevos. La propuesta de Rosa Muñoz en Volver a mirar consiste en fragmentar el perfil de esta arquitectura en los elementos que lo componen y con ellos construir una nueva mirada que nos hable de la importancia de los detalles arquitectónicos, tanto del interior como del exterior; en poner de relieve sus elementos -vanos y escalera principalmente- a través de fuertes contrastes de luces y sombras recortadas que generan una atmósfera onírica. Y el agua, que a través del depósito nos habla de su origen y de a dónde se dirige.
Deconstruir y construir de nuevo una realidad concreta es el hilo conductor de esta obra, para finalmente darle movimiento, generando una geometría que contrasta y complementa el vasto perfil arquitectónico de hormigón.
Volver a mirar busca recuperar el valor intrínseco de esta arquitectura que, por fuerza de hábito, no percibimos en su auténtica riqueza.
Nuestro agradecimiento a Rosa Muñoz por esta magnífica creación.

VOLVER A MIRAR –
Un camino para el agua
Agua, elemento aristotélico por excelencia. Por arroyos, cauces y ríos, juega, fluye incansable desde el origen de los tiempos, buscado un camino y modelando la naturaleza. Nuestra larga historia como humanos es inseparable de ella. La ingeniería le debe sus más gloriosas construcciones desde tiempos romanos. Este depósito elevado bebe de aquellas técnicas, y de las aguas originarias del río Lozoya.
Espacio circular que invita al silencio y a la contemplación, icono y testigo de una de las intervenciones del ser humano en la naturaleza para guardar la fuente vital de la vida, hoy alberga una mirada más hacia él. Una mirada cuyo propósito es poner de relieve la importancia, belleza y monumentalidad de este lugar, desde la construcción artística, y nos envuelve a la observación y a la ensoñación de los elementos que lo conforman.
El cielo, siempre de fondo desde los arcos de inspiración clásica, formas arquitectónicas indispensables para que los vanos puedan dejar traspasar nuestra mirada y encontrarnos con un azul primigenio; color que nos invita a fundirnos con el espacio y a soñar con un infinito cósmico donde se pasea la escalera, casi desapercibida, a ritmo lento, con un movimiento singular que pone de relieve su presencia fuerte, sólida como el material de su construcción. Sigue aquí, después de su imaginario camino.
Formas orgánicas nos sorprenden, aparecen y desaparecen, conforman movimientos de baile entre ellas para hacernos volar a las alturas inaccesibles, para que cuando miremos al cielo a través de este depósito nos situemos incluso más allá, en el cosmos que nos protege. Y, desde ahí, volver a la tierra con el agua. Volver de ese paseo orbital, mágico, de ensoñación, con una de esas flores geométricas, construidas con elementos de este lugar, desde la creativa deconstrucción visual.
Cielo y tierra… tierra y cielo, siempre unidos con un movimiento sutil que nos induce a la contemplación, a la calma, a mirar. Movimientos evocadores de espacios sagrados, de altares griegos con rotundas formas circulares, de grandes catedrales góticas con vidrieras iluminadoras. Lo imaginario, lo que no conocemos y lo que nos arraiga en una eterna elipse de ida y vuelta.
Verde de naturaleza en nuevas columnas evocadoras de la arquitectura grecorromana, azul de cielo, y azul de agua, blancos de estrellas, negros galácticos, rojos y rosas de un atardecer en la ciudad desde el depósito elevado. Colores de la metafísica, ensoñados e interpretados en una particular filosofía que con naturalidad une el elemento orgánico con una construcción de materiales industriales.
Con la intención de invitar a la reflexión, a volver a mirar este espacio y al homenaje, este vídeo conmemora la canalización del agua en nuestra ciudad, cuya unión, a través de esta construcción, parece predestinada a convivir eternamente.
Carmen Fernández Ortiz
Historiadora del Arte